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jueves, 15 de marzo de 2012

De champús, virales y bebés


Hay días monotemáticos. Y cada vez más gracias a Internet.

Nieva, y todo el mundo cuelga fotos de nevadas.  Vídeo viral nuevo, y se te llena el muro de facebook del mismo enlace una y otra vez. Cosas de la vida moderna.

(Inciso número 1: la función principal de facebook es descargar el correo electrónico de mail absurdos. El día que facebook permita colgar power points, seremos un poco más felices…)

(Inciso número 2: cuando la modernidad entra por la puerta, la lógica salta por la ventana)

Pues eso, que el tema del día no ha sido el rap del IES Mendoza ni el publirreportaje de Loewe (que también), sino el champú de caballo del Mercadona. En realidad, es algo que lleva coleando varias semanas y se resiste a morir. El asunto ha llegado incluso a los periódicos serios, cosa que le confiere una cierta dignidad más allá del inframundo de la red global. Esta mañana he leído un artículo de opinión en El Periódico de Catalunya sobre el champú de marras. El firmante, del cual no recuerdo su nombre, ha incluido en el texto una frase que ha atraído poderosamente mi atención. Venía a ser algo así como “es de tontos pensar que un producto diseñado para animales es mejor que uno diseñado para humanos”. En realidad, estoy de acuerdo con él: es de tontos. Igual que no me como unas galletas para perros o un alpiste para guacamayos, tampoco me lavo el pelo con un champú para caballos.
Pero este buen señor no se ha dado cuenta de que nos ha llamado tontos a un porcentaje grandísimo de la humanidad. Al 99,9%, me atrevería a decir. Porque, a ver, ¿qué es la leche de vaca sino un producto especialmente diseñado para terneros?
Como omnívoros que somos, es normal que la leche sea parte de nuestra dieta. No creo que haya nada de malo en tomarse un café con leche, o comerse un trozo de queso de oveja o un yogur de cabra. Pero de ahí a alimentar a nuestras crías exclusivamente con la leche de otro animal, creo que va un buen trecho.
Sí, es de bastante tontos, la verdad. Y creerse (y afirmar con rotundidad entre amigos y conocidos) que es igual o incluso mejor, además de ser de tontos y de ignorantes, denota lo mal que está el mundo. 
Se empieza así… Y se acaba como los del vídeo de Loewe.

sábado, 3 de marzo de 2012

Queso curado


Como decíamos ayer…

Me apetece escribir. Últimamente me pasan demasiadas cosas por la cabeza y el exceso de obligaciones y la falta de tiempo, hacen que esos pensamientos se acumulen unos encima de otros. Y las cosas no se pueden apilar eternamente, que las torres demasiado altas siempre se caen. Hay que tener montoncitos ordenados. Que pase el aire y se oreen, no vaya a ser que empiecen a oler a zorrunillo.

Pues eso, aire. Letras. Y quesitos.

(Aviso para navegantes: debido a los fundamentales cambios vitales acontecidos desde que dejé de actualizar el blog, es probable que la temática sea algo menos variada ^_ ^)

viernes, 18 de enero de 2008

El disputado voto del señor Gigio

Comienza la campaña electoral en el blog del quesito. Que si la conferencia episcopal, que si Pizarro, que si Gallardón,… todo el mundo está ya haciendo campaña, así que Topo Gigio no podía ser menos.

A mí me emocionan las elecciones. Soy rara hasta para eso.
Ni siquiera se me pasa por la cabeza no ir a votar el próximo 9 de marzo y cada vez me cuesta más entender a la gente que me dice que “votar es un rollo” o “total, para qué”.
Votar no es ningún rollo. Lo que es un rollo es no pode elegir quién quieres que gobierne el país en el que vives. Que un señor se autoproclame jefe de estado durante 36 años y no deje que nadie le lleve la contraria, sí que es un rollo. Y de los gordos.
Luego están los que argumentan que no votan porque no hay diferencia entre unos y otros. En parte, debo admitir que la democracia no me parece un sistema perfecto (creo que muy poca gente defiende que lo sea) y muchos menos en España, un país con tan poca tradición democrática y donde la incompetencia de los cargos públicos sobrepasa muchas veces lo tolerable. Entiendo que haya gente disconforme con el sistema y con las personas que manejan ese sistema, pero la excusa de no votar no me parece válida.
El que no vota porque está asqueado de la clase política, figura en la misma estadística que el que no vota porque prefiere irse a la playa.
Para demostrar el descontento o, incluso, la insumisión política, es más efectivo el voto en blanco.
Es un concepto bonito ése del voto en blanco.
Si votas en blanco, estás diciendo que no te gusta nada de lo que se te ofrece, que los políticos deben plantearse urgentemente un cambio de dirección, que no vamos bien por donde vamos. Y el blanco suena a inocencia. Es el voto de la gente desencantada que todavía tiene esperanza en el futuro y es lo suficientemente inocente como para ir a votar. Es un grito que no se grita, un discurso contundente sin palabras.
Imaginad que hubiera una participación del 80% en las elecciones. Y que de ese 80%, más de la mitad fueran votos en blanco. ¿Quedaría algún político capaz de decir que los españoles estamos de acuerdo con sus programas? Ya sabemos que los políticos nunca pierden, pero con un voto en blanco apabullante, tendrían que estrujarse más las neuronas para interpretar positivamente los resultados.

Hasta aquí, el blog del quesito y su alegato a favor del voto en blanco.

Pero resulta que yo estoy en contra del voto en blanco, y ahora expondré el porqué (eh, eso se llama dialéctica y los griegos lo consideraban un arte :P).
El voto en blanco es un voto para la mayoría. Si resulta que la mayoría es la menos mala de las opciones según tu punto de vista político, pues no pasa nada. Pero, ¿qué pasa cuando la mayoría es para un partido con cuyas ideas no comulgas? Pues que contribuyes a su victoria si votas en blanco.
Pongamos ejemplos verídicos. Elecciones generales del año 2000. Servidora de ustedes decide que no le gusta ninguno de los candidatos y deposita un voto en blanco en la urna. Resultado: mayoría absoluta de Aznar y una legislatura horrible que incluye desgracias como la obligatoriedad de la religión católica en los colegios, el envío de tropas españolas a la invasión de Iraq y los inicios de los atentados contra intereses españoles por parte de grupos terroristas islámicos (mire ustez, sé que hay armas de destrucción masivas en Iraq… ¬¬u).
A mí todavía no se me ha pasado el disgusto, y dudo que se me pase alguna vez. Yo no voté por Aznar, pero si hubiera votado por cualquier otro, las estadísticas hubieran variado. Con unos cuantos votos en blanco más, quizá algún otro partido hubiera conseguido un escaño más, y aliándose con alguien, ese escaño hubiera impedido el reinado de Aznar durante esos infames cuatro años.
Si votas, y no votas a los partidos mayoritarios, puedes conseguir que no haya mayorías en el parlamento y que los pactos entre partidos obliguen a una gestión más consensuada y sin radicalismos.
O sea, que la opción es votar al pequeño. Dar voz a las minorías para que controlen a los gigantes cuando hace falta. Partidos como IU o la Chunta Aragonesista de Labordeta, incluso el BNG o CiU, tienen en sus filas gente que trabaja y está ahí en las duras y en las maduras.

Votemos al pez pequeño para que se coma al grande… o no. Las matemáticas son una ciencia exacta. Si sumas los votos de cualquiera de los dos grandes, te das cuenta de que los pequeños jamás podrán hacer nada.
Y ahora, una historia terrorífica:
Érase una vez, un ratoncito llamado Topo Gigio que detestaba profundamente a Mariano Rajoy y a su partido. En cambio le molaban mucho Llamazares y Joan Herrera. Aunque a Topo Gigio le gustara Llamazares, el pobre no tenía ninguna posibilidad de ser presidente del gobierno, eso lo sabía todo el mundo. Aún así, Topo Gigio, feliz como una perdiz, votó por él el 9 de marzo. Esa noche, Topo Gigio delante del televisor comprobó horrorizado que Rajoy había ganado las elecciones. Zapatero había quedado segundo, a sólo un voto de distancia de Rajoy… y así fue como nació el bipartidismo y el odioso concepto del “voto útil”, también conocido como “vote al menos malo de los dos”.

Blanco, pequeño o grande. Ustedes deciden.

viernes, 4 de enero de 2008

Feliz año nuevo, Amelius.

Este año, la navidad ha venido y se ha ido a una velocidad vertiginosa. No sé vosotros, pero yo no me he dado ni cuenta.
Ya estamos en 2008. Fíjate tú qué bien. Evidentemente, no he hecho propósitos de año nuevo. Para qué, si nunca los cumplo (como muestra un botón: las actualizaciones de este blog).

Más allá de las supuestas revelaciones vitales y cambios trascendentales que, según nuestra lobotomizada sociedad, debe traerte el año nuevo, yo me he subido al tren del 2008 con un descubrimiento bajo el brazo: Wilkie Collins. Sé que suena a película de Meg Ryan, pero las pequeñas coincidencias existen, y dejarse llevar por los impulsos puede proporcionarte placeres inesperados.
Eso me pasó a mí ayer, cuando me regalé “Hojas caídas” de Wilkie Collins. Simplemente maravillosa. Llevo doscientas páginas y las aventuras de Amelius Goldenheart me tienen encandilada. Aunque “Hojas caídas” fuera escrita en 1897, el estilo narrativo, además de brillante, es sorprendentemente actual. Hay capítulos epistolares, otros narrados en primera persona (por diferentes personajes), otros en tercera persona, saltos atrás en el tiempo… Eso, sin mencionar su marcado carácter progresista (todo una novedad en la Inglaterra victoriana) y la defensa de la mujer: el protagonista tiene 21 años y una de sus enamoradas 38. Cuando se le recrimina la diferencia de edad, él responde que cuando un hombre maduro se enamora de una niña todo el mundo lo encuentra normal. ¿Qué tiene de malo el caso contrario? ¿Acaso las mujeres no tienen el mismo derecho a sentirse atraídas sexualmente por alguien más joven y atractivo? Aunque ésa no es, ni mucho menos, la trama principal de la novela, todas las páginas están llenas de pinceladas de optimismo. Gracias a la inocencia y sentido común de Amelius Goldenheart, Collins ataca la sociedad de su época (igual a la nuestra en muchos aspectos) a base de pequeñas sentencias irrefutables que demuestran cuánto puede llegar a complicarse la vida el ser humano. Amelius vive en un mundo sin dinero, sin clases sociales, sin más leyes que las que dicta la lógica, sin matrimonios incluso. Y es feliz. Muy feliz.

Ahora debería acabar con un “deseo que el 2008 sea como el mundo de Amelius Goldenheart”. Como eso es del todo imposible, lo que deseo de corazón es que hagáis al menos un “pequeño descubrimiento cultural” durante el año. Seguro que hay muchos Wilkie Collins esperando en las estanterías.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Normalizada

Me estoy convirtiendo en una obsesa de la corrección lingüística. Soy consciente de que, como toda obsesión, ésa tampoco es buena, pero es que veo una falta de ortografía y me enciendo. O mucho peor: escucho una burrada y me pongo de mala leche para todo el día.
Cuando era monolingüe, la cosa era más fácil. Pese al acento y las (preciosas) palabras propias, los andaluces hablan un español bastante correcto desde el punto de vista gramatical. El español en sí mismo es un idioma que se presta a pocos equívocos ya que no compite con ninguna otra lengua y tiene una academia que se preocupa de limpiarla, fijarla y darle esplendor (sic).
Pero, ¿qué me pasó cuando me volví bilingüe? Pues que empecé a darme cuenta de lo mal que habla la gente. El español que se habla en Catalunya es infame. Cada vez que oigo plegar, paleta, faena, lampista, pica o petar, se me ponen los pelos como escarpias. Si te preguntan a qué hora plegas, lo que quieren saber a qué hora acabas (el trabajo, normalmente). Un paleta es un albañil y un lampista, un fontanero. La pica no es ninguna lanza, sino un lavabo o un fregadero (la pica de la cocina, evidentemente). Petar es explotar y faena… sí, existe en español, pero oír expresiones como “hoy tengo mucha faena” me suenan fatal, como si en vez de tener mucho trabajo tuvieran que torear un Mihura durante toda la jornada laboral. Hay dos cosas más típicas de los catalanes castellano-parlantes que me pone de los nervios. Una es la utilización del verbo en primera persona del plural cuando no toca. Por ejemplo, un topo sevillano diría “Ayer fui con Gigio al cine”. En cambio, un topo nacido en Catalunya probablemente diría “Ayer fuimos con Gigio al cine”. ¿Cuántas topitos fueron al cine? Pues sólo dos, pero parece que hayan sido unos cuantos más.
La segunda característica delirante es el “pero” y el “por eso”. Una conversación típica sería más o menos ésta:

- Me he pasado toda la mañana intentando localizar a Topo Gigio.
-¿Y al final lo has encontrado, por eso?
- Sí, y no ha sido fácil, pero.

De verdad, de verdad, no digáis esas cosas fuera de Catalunya si no queréis que la gente os mire con cara rara.

Lo peor de todo es que los catalano-parlantes tampoco están libres de pecado. Por un lado están las palabras que, por interferencia con el español, todo el mundo usa aunque no existan. Por ejemplo, “inclús” en vez de “fins i tot”, “disfrutar” en vez de “gaudir”, “enterar-se” en vez de “assabentar-se” o “en ves” en vez de “en comptes” :) (ésta última me encanta)
Por otro lado, está el caso contrario: las ultracorrecciones. O sea, palabras que se dicen igual que en español, pero que la gente “catalazina” para que suenen más “guay”. Por ejemplo, “sapiguer” en vez de “saber” o “guixeta” en vez de “taquilla”.
Desde luego, si yo fuera política, metería mano en el asunto. No me vale que me digan que la gente habla mal por culpa de la interferencia con el español. No me vale por dos motivos. Uno, si a la gente le importara hablar bien su lengua (como parte primordial de unas reivindicaciones políticas concretas que aquí no vienen al caso), la estudiarían y la cuidarían. ¿O es que acaso todo el mundo es tan tonto como para no poder evitar de manera consciente la interferencia del castellano?
Dos, los presentadores de TV3 son los primeros de dicen cosas como “disfrutar” o que confunden “destí” con “destinació” y “direcció” con “adreça”. El caso es que la página de estilo de TV3 y Catalunya Ràdio es impecable. Totalmente abierta al público, gratuita y completísima. Lástima que los propios trabajadores del medio no la usen más.

Pero no os preocupéis. Hay algo que hermana a castellano-parlantes y catalano-parlantes. Una expresión que se ha popularizado hasta límites enfermizos y que hace que me suba por las paredes cada vez que la escucho (o la leo). Sí, amigos, me refiero al anglicismo, a la insoportable e inútil muletilla “a nivel de” (“a nivell de” en catalán).
Vamos a ver, necesito gritarlo: A NIVEL DE NO ESTÁ ADMITIDO POR NINGÚN DICCIONARIO DE NINGUNA LENGUA LATINA. Hasta donde yo sé, no existe ni en español, ni en catalán, ni en francés, ni en italiano. Proviene del inglés “at the level of”, y ellos la usan con el mismo significado con el que tanta gente la usa ahora.
¿Y por qué no existe en catalán o en español? Pues porque ya hay tropocientas palabras o expresiones que hacen la misma función.
Ejemplo práctico:

- A nivel de fotografía, las películas chinas son muy buenas.

¿Por qué hay que construir una frase tan rebuscada? Ya hay alternativas en nuestros idiomas totalmente válidas para expresar lo mismo:

- La fotografía de las películas chinas es muy buena/ La fotografia de les pel•lícules xineses és molt bona.

O incluso utilizando expresiones más complejas:

-En cuanto a la fotografía, las películas chinas son muy buenas / Pel que fa a la fotografia, les pel•lícules xineses són molt bones.

Muchas veces, “a nivel de” puede traducirse por un simple adverbio acabado en –mente (de los que, por cierto, no se debe abusar, pero son mil veces preferibles a “lo otro”), aunque en un 90% de las veces, a la frase no le hace falta nada para que se entienda de manera correcta.
Otra frase típica:

- La empresa está sufriendo muchos cambios a nivel estructural.

¿Pero qué, coño hace ahí ese “a nivel de”? Toda la vida de dios se hubiera dicho “La empresa está sufriendo muchos cambios estructurales”. Y punto.

De todas formas, la expresión “a nivel de” sí que es correcta cuando nos estamos refiriendo a la altitud de algo con respecto a otra cosa, bien en sentido físico o bien e sentido figurado. Por ejemplo:

- Quitamos los escalones para poner la puerta al nivel de la calle.
- Topo Gigio ha avanzado mucho y ya está al nivel de sus compañeros de clase.

Altura. “Al nivel de” (ojo, al nivel, no a nivel) significa “a la misma altura”.

Y con eso y un bizcocho…

jueves, 18 de octubre de 2007

La joven Jane Austen

Antes de irme a Sitges, ya tenía la intención de obsequiar a todos mis lectores (en plural, o sea, dos lectores :P) con una reseña de todas las peliculillas que me tragué en el certamen. La cosa está en proceso, pero antes, me voy a tirar el moco hablando de algo que, probablemente, no interese a nadie más que a mí. Rara que es una, qué le vamos a hacer.

En fin.

Mañana se estrena en cines “La joven Jane Austen”. A mí Jane Austen me pirra.
Todo empezó con mi afición a las películas de época. Después, descubrí que la época que más me gustaba era la Inglaterra victoriana y previctoriana (En general, el siglo XIX y su revolución industrial me parece el periodo más fascinante de la historia del hombre). De las películas salté a los libros, y resultó que la mayoría eran mejores que las películas por muy buena que fueran éstas. Aunque la mejor novela de este periodo sea “Cumbres Borrascosas” de Emily Brontë (si no lo habéis leído, ya estáis tardando), la obra de Jane Austen es tan entrañable y desprende tan buen rollo que es del todo comprensible el hecho de que sea la segunda autora más adaptada de todos los tiempos (después de Agatha Christie).
Jane Austen sólo escribió seis novelas. No tuvo tiempo para mucho más, porque la primera en ver la luz, “Sentido y Sensibilidad”, se publicó en 1811, y ella murió sólo seis años después, tres meses antes de cumplir los 42. Si no habéis leído ninguna de sus obras, casi todas se resumen de la siguiente manera: una joven adelantada a su tiempo (con una o varias hermanas/os a las que adora) debe elegir un marido para vivir de las rentas, pero que, además, sea su amor verdadero. Aunque la prota suele sentirse atraída en un primer momento por jóvenes poco convenientes, finalmente recapacita y se queda con el otro: el menos joven, por lo general más adinerado y más bueno y bienintencionado que Heidi en Navidad.
Dicho así, suena a pastelón, pero nada más lejos de la realidad. Las novelas de Jane Austen reclaman el derecho de la mujer a decidir con quién y cuándo casarse. Sus heroínas han recibido una educación que va más allá del canto y el bordado: saben de literatura y política, y se indignan cuando los hombres niegan a las mujeres la oportunidad de cultivarse. Además, Jane Austen fue la primera escritora de masas que se atrevió a criticar explícitamente determinados comportamientos y hábitos masculinos. Recordad que estamos hablando de la primera década del siglo XIX.

Pero resulta que todo eso que suena tan bien (la crítica social, el feminismo, los finales felices,…) era diametralmente opuesto a la realidad de su vida. Jane Austen nunca se casó y pese a las buenas ventas de “Sentido y Sensibilidad” y “Mansfield Park”, nunca logró vivir de su trabajo. Aunque estos dos títulos fueron unos superventas de su época (de Mansfield Park se agotó la segunda edición), ella sólo recibió 110 libras por el primero y 140 por el segundo. “Orgullo y Prejucio” se lo publicaron sin pagar derechos de autor (¡bah, era de una mujer!) y los poco ahorros que tenía se los gastó en la publicación de “Emma”. “Persuasión” y “La abadía de Northanger” se editaron después de su muerte, así que ella comió toda su corta vida adulta gracias a la caridad de sus hermanos varones.

Después de tantas adaptaciones de sus novelas, era inevitable que hicieran la película sobre la vida de la escritora. “La Joven Jane Austen” es una versión un tanto libre de esa vida. Jane Austen tuvo a los 20 años un pretendiente llamado Thomas Lefroy. Eso pasó de verdad. Se supone que nunca llegaron a casarse porque él tenía problemas económicos, pero la verdad es que el compromiso nunca llegó a hacerse oficial pese a que Jane le escribió a su hermana que la relación existía. En la película, se nos presenta a Tom Lefroy como el verdadero amor de Jane, un joven apasionado, vivaz y algo juerguista, que oculta detrás de esa fachada un corazón tierno. Ella no se casa porque Tom no tiene ni un penique, pero resulta que él es pobre como una rata porque debe mantener a sus padres y a sus siete hermanos menores. Ella decide no ser una boca más que alimentar y así se acaba todo.
En la vida real, Jane tuvo una aventura cinco años después con un hombre del cuál se desconoce el nombre. Iban a casarse, pero él murió antes. Dos años después, cuando Jane tenía 27 años y ya se había convertido en una solterona, se comprometió con Harris Bigg-Witther, pero ella rompió el compromiso un par de días después alegando que no lo amaba lo suficiente. El pobre Harris tenía mucho dinero, pero las crónicas de la época lo describen como un joven (21 años tenía cuando la pidió en matrimonio) “obeso y de maneras algo torpes”.
O sea, recapitulemos. La Jane Austen de verdad se enamora del pillo Lefroy y después tiene una aventura clandestina, confesada sólo a su hermana, con un desconocido. Desde luego, no tiene nada que ver con lo que pasa en sus novelas. No me refiero sólo al hecho de que en los libros la protagonista acabe casándose, sino que además lo hace con un hombre responsable, sensato y estimado por la comunidad. Todo el mundo aprueba la relación entre ambos salvo la arpía de turno y ellos viven su amor felizmente, por los siglos de los siglos, amén.

Y todo esto me lleva a la siguiente reflexión: ¿Acaso la Jane Austen real hubiera preferido a Wickham o a Willoghby? ¿Se imponía como penitencia por sus “desviaciones” que sus heroínas eligieran al Darcy o al coronel Brandon de turno? Me niego a creer que a Jane Austen le fueran los chicos malos. ¿Quién puede preferir un Wickham a un Darcy? No, nadie. Me niego mil veces a creerlo.

“La joven Jane Austen” se llama en versión original “Becoming Jane”. Para mí, le podrían cambiar el nombre por “Demythologizing Darcy”. ¡Qué disgusto más grande!



(único retrato de Jane Austen que existe dibujado por su hermana Cassandra)

miércoles, 26 de septiembre de 2007

My padre es Sidney Poiter

Laura (mientras cruza el río Pecos) escribió un día en su blog que la teoría de los seis grados de separación era falsa.
Ya sabéis, eso de que todos los seres humanos estamos separados sólo por un máximo de seis personas. O sea, que si te vas a Kazajstán, cualquier persona con la que te cruces conocerá a alguien que a su vez conocerá a alguien que conocerá a alguien que también conocerá a alguien que conocerá a alguien que te conocerá a ti. Así debe de dar gusto viajar.
Muy romántica la teoría, pero, por lo visto, más falsa que las monedas de tres euros.
Yo me he convencido de que es una patraña mientras viajaba de blog en blog. Cualquiera puede hacer la prueba: vete a la lista de enlaces de la izquierda, y clica en el primero que se te ocurra. Haz lo mismo seis veces. Deberías acabar en el blog de alguien que conoces, pero yo he hecho tres pruebas y no ha habido manera.

(Conclusión: no vayas a Kazajstán por si las moscas.)

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Back to school

Comienza el curso.
Me alegra que, pese a mis 31 años, eso siga siendo válido en mi caso. Esta tarde me toca ir a comprarme los libros nuevos de inglés y apuntarme al cursillo gratuito de italiano básico. Por algo se empieza.
¿Qué libros me tocará leer este año? ¿Algún clásico, tal vez? Ojalá. Del siglo XIX si me dejan elegir. Repito profesora, pero algunos alumnos serán nuevos ¿Será quinto tan difícil como dicen? Tengo que comprarme un cuaderno. También me haría falta un buen diccionario de italiano.
Está bien eso de estar emocionada.
Sí, definitivamente septiembre es un buen mes.

jueves, 30 de agosto de 2007

Puerta al tercer anillo

Debo de ser una de las peores actualizadoras de blogs del mundo…

El caso es que tenía pensado escribir el martes sobre un tema al que, precisamente, hace referencia mi amigo Luis en un comentario que me dejo ese mismo día: el remake de “Ultimátum a la Tierra” protagonizado por Keanu Reeves.
Pero el martes no me encontraba en condiciones de escribir. Quizá, las lágrimas que derramé ayer y antes de ayer por una persona que no conocía, a muchos les parezcan una tontería (incluso a mí me lo parecen si lo pienso fríamente), pero los seres humanos somos así.

Más allá del hecho de la muerte en sí, la controversia estos días ha sido el exceso y la demagogia que ha rodeado todo. Por un lado, los medios de comunicación, intentando hacer el agosto (nunca mejor dicho) a costa del dolor ajeno, metiendo el dedo en la herida. Amarilleandolo todo, porque hasta la prensa más seria acaba tropezando siempre con la misma piedra. Por otro lado, la gente, posicionada en dos bandos claramente diferenciados. Estaban los que lloraban sin consuelo, los que se rasgaban las vestiduras y cantaban y aplaudían en un torpe intento de demostrar lo que sentían en ese momento.
No seré yo quien los critique. No me veo coreando lemas al paso de un cortejo fúnebre ni aplaudiendo desaforada, pero cada uno se expresa como le parece más conveniente. La pena es algo muy íntimo y cada uno sabe como la siente y como la expresa. ¿Exagerado? Quizá ¿Fuera de lugar? No, porque el que la lleva, la entiende, y como dice mi abuela, más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.
Aunque estos (los que lloraban, cantaban y aplaudían) eran mayoría aplastante, siempre hay voces discordantes que se alzan para recordarnos que sólo era un futbolista. Una persona, cuyo único mérito era darle patadas a un balón, que se ha muerto de una enfermedad congénita que no tiene cura, y que cada día mueren millones de personas por cosas más injustas y nadie se entera (o lo que es peor, nadie parece enterarse). La vida es así.
Y es verdad. Es injusto que haya miles de mensajes de condolencia para Antonio Puerta y ninguno para el obrero inmigrante que murió aplastado a la misma hora mientras reparaba un ascensor.
Yo estoy convencida de que si no hubiera sido Antonio Puerta la cosa hubiera sido distinta. El suceso ha tenido todos los elementos de una gran tragedia clásica. El héroe ha muerto, y no todos los futbolistas (y no todos los obreros, admitámoslo) son héroes. Puerta tenía 22 años, una edad a la que nadie se muere. Había nacido en Sevilla, en pleno centro de Nervión, junto al estadio. Jugó en todos los escalafones del Sevilla F.C., y una vez en el primer equipo, se encargó de marcar un gol épico, de esos que se recuerdan toda la vida. Fue en la prórroga contra el Schalke 04. Un golazo que metió al Sevilla en su primera final europea y que dedicó a su abuelo, fundador de una peña sevillista, que había muerto unos días antes. El mío, tan sevillista como el suyo, lo hizo justo un mes y medio después. Gracias a Puerta, él sí vio al Sevilla levantando la copa de la UEFA.
Cuando se ganó el título (y todos los que vendrían después), Puerta era el que más hablaba con la prensa, el que contaba chistes, el que se quedaba ronco de tanto cantar. Decían que era la alegría del vestuario.
Después, el seleccionador nacional lo convocó. Jugó un partido con la camiseta de España y tuvo alguna que otra oferta para jugar en algún equipo más grande que el Sevilla. Él no quiso irse, reforzando el mito aún más. No le interesaba ganar más dinero. Sólo jugar al fútbol en su equipo de toda la vida.
Lo que nadie sabía era que tenía una lesión congénita en el corazón que lo predisponía a sufrir una muerte súbita. Fue lo que le pasó el domingo, en el minuto 30 del partido contra el Getafe. El primer partido de liga. Partido televisado. Puerta, después de una galopada por la banda izquierda de su Sánchez Pizjuan, se desploma ante miles de aficionados y millones de telespectadores. Parada cardiorrespiratoria. Un desfibrilador le concede tres días en coma en la UCI. Cientos de personas le velan en la puerta del hospital. Tres días de agonía que nos han servido para conocer a su novia, algo mayor que él y embarazada de siete meses. El niño se llamará Aitor en honor a su excompañero Aitor Ocio y no conocerá a su padre.
Aitor Ocio era uno de los que, entre lágrimas, portaba el féretro ayer camino del cementerio.
Antonio Puerta era, les guste a algunos o no, un héroe del mundo del fútbol y como tal ha muerto y ha sido despedido.
Descansa en paz, niño.

jueves, 28 de junio de 2007

Pride & Prejudice

Hoy es el día del orgullo gay. Una de las noticias estrellas de esta semana es la celebración del Europride en Madrid. A todo el mundo parece hacerle mucha gracia este evento, pero a mí, qué queréis que os diga, me pone los pelos como escarpias.
Por lo que he podido averiguar, el Europride es una macro fiesta que gira en torno a una cabalgata patrocinada por marcas comerciales y empresas privadas. O sea, que unos cuantos se hacen de oro a costa de otros cuantos que se ponen hasta arriba de alcohol, drogas y cualquier cosa que se tercie.
Y yo me pregunto, ¿qué tiene eso que ver con el hecho de ser o no homosexual, con sentirse orgullo o no de tu manera de ser? A mí me recuerda mucho a las fiestas de la primavera universitarias: miles de borregos borrachos como cubas intentando meterse mano mientras la universidad pública se desmorona. Planes de estudio absurdos, títulos no homologados fuera de España, inversión mínima en instalaciones, perdida de competitividad con respecto a los titulados por las universidades privadas,… Pero da igual, es más divertido beber cerveza y olvidar nuestros problemas. De todas maneras, da igual lo que hagamos porque somos españolitos de a pie y nuestras reivindicaciones siempre caerán en saco roto.
Con esto del Europride pasa lo mismo.
Me parece bien que se celebre el día del orgullo gay. Hay gente que dice que les parece absurdo ese tipo de cosas porque segregan aún más a los colectivos. Pero la gran mayoría que piensa eso está formada por hombres blancos heterosexuales.
Casualmente, he nacido blanca, europea, preferentemente heterosexual y me han educado en la fe cristiana, lo que es más o menos como si te tocara la primitiva pero en vez de seis, acertaras cinco y el complementario.
El fallo ha sido nacer mujer, así que no me queda otra que celebrar el 8 de marzo con el convencimiento de que algún día las cosas irán mejor. Si fuera homosexual, celebraría el 28 de junio, pero no iría al Europride ni muerta. Quizá intentara organizar una exposición en el centro cívico de mi barrio sobre la persecución que han sufrido y sufren los homosexuales en el mundo (hoy en día, 70 países condenan la homosexualidad, 8 de ellos con la muerte). O charlas en institutos sobre la creciente homofobia del gobierno polaco, para que la gente joven se dé cuenta de que esto no es jauja y todavía queda mucho por hacer justo aquí al lado.
Pero no, mucho mejor ponerse un tanga de cuero y un boa de plumas alrededor del cuello, y sacarle la lengua al cámara de Telecinco mientras te pellizcas los pezones. Mucho mejor, dónde va a parar. Sobre todo si el sarao lo organiza Coca-cola.

viernes, 15 de junio de 2007

Taquitos de queso

Pues sí, Mr. D, tiene usted razón, no actualizo nada de nada. En parte ha acertado en el motivo (lo liados que andamos con nuestras cosas). La otra parte, la que no ha acertado (o no se ha atrevido a decir en público), es lo floja que soy por naturaleza. Para qué vamos a negarlo.
De todas formas, todos estos días que llevo sin actualizar se me han ido pasando temas por la cabeza que me hubiera gustado tratar. Por ejemplo:

- El fin de la tregua de E.T.A., éste era impepinable. El macabro tándem que forman el PP y la banda terrorista se necesitan mutuamente para hacernos la vida un pelín más complicada a los que no compartimos sus ideas. Unos sólo quieren seguir matando y los otros gobernando a cualquier precio. Menos mal que la semana ha sido tranquila en ese aspecto y la violencia (física y verbal) no ha pasado a mayores. Crucemos los dedos para que la cosa siga así.

- Lo injusto de las tallas femeninas. ¿Por qué una S de hombre es más grande que una L de mujer? ¿Por qué para hombre la gama va desde la S a la XXL y para mujeres sólo hay S, M y L? Por cierto, en vista de que hay gente que aún no sabe el significado de esas letras, ahí va. (Anglo-Saxon rules) S: small, M: medium, L: large, XL: extra large.

- Un anuncio que he oído por la radio y que me ha puesto los pelos como escarpias. Dice así: (voz 1) “Ay, no sé adónde vamos a ir a parar con esto del cambio climático” (voz 2) “Pues mujer, a XXXX a comprarnos un aire acondicionado. Así no pasaremos calor”. En fin, esta gente apaga el fuego echando más llamas…

- Lo multicultural que está una últimamente. Eso incluye los atracones de comida china en restaurantes sólo para chinos (para más información, léase la entrada correspondiente del blog galáctico), las traducciones de los chistes telugus (aún más graciosos que los chistes en hindi – modo ironía on -) y los mensajes surrealistas que he recibido de una canadiense y una francesa pidiéndome que les explique detalles de “Yo soy Bea”. Resulta que las muchachas siguen la serie para practicar el poquito español que saben (aunque la canadiense se maneja la mar de bien). No pillan los chistes y van dejando mensajes en inglés y francés en youtube y motiono, pidiendo ayuda. Amable que es una, les contesté, y ahora quieren más. Hemos roto fronteras gracias a los culebrones. Andan las dos loquitas por saber cuándo Bea y Álvaro se van a ir a la cama otra vez. Todo ello viene a confirmar algo que ya sospechaba: a los seres humanos sólo hay dos cosas que pueden unirlos: la comida y el folleteo. Ahora sólo falta que Bush se vaya a comer con Mahmud Ahmadinejad al restaurante chino de Santako y que a Aznar se lo folle… no sé, ¿Carmen de Mairena?

Ya me iré acordando de más cosas.

¡Ah! y no olviden visitar www.cinemaorientalcom

P.D.: Espero que de ésta me censuren ya la página en China de una vez por todas. Es pa tener algo gracioso que contar…

lunes, 4 de junio de 2007

El queso que se repite

Esta mañana he subido al coche y he puesto la radio. Sonaba la canción "Take on me". Sin ser yo una gran melómana, esa canción siempre me ha gustado. Sobre todo por el vídeoclip, que fue un gran hito en su momento.
La canción avanzaba y entonces empecé a notar cosas raras: esa no era la canción de Aha que yo recordaba. Tenía unos arreglos diferentes, la voz no era la misma...
Cuando acabó, la locutora dijo: "hem escoltat "Take on me" el nou èxit de noséquingrup". Vamos a ver, ¿nuevo éxito? ¡Pero si la canción tiene más años que yo!
Al menos, que tengan la decencia de decir que es una versión, de informar a las "nuevas generaciones" de que eso ya estaba inventado antes de que ellos nacieran...

¡Ay, qué poco se esfuerzan los creadores de tendencias!(porque lo que un día fue cultura, hoy no pasa de ser algo "trend-jo-cómo-mola")¡Cuánta pobreza! ¡Cuánto remake y cuánto plagio postmoderno! Yo estoy por "adaptar" El Quijote. Seguro que me forro.


lunes, 28 de mayo de 2007

Parker Lewis nunca pierde

Ahora, sustituyan el nombre propio del título por el sintagma nominal “los políticos españoles” y la frase no pierde su significado.
Tenemos algunos políticos corruptos y otros más tontos que tirar una mierda por lo alto y pararla con la boca. También los hay que hacen lo que pueden, aunque la mayoría de las veces el esfuerzo sea insuficiente.
Pero hay algo que todos tienen en común: la incapacidad para la autocrítica. Todos ganan, ninguno pierde. En fin, el día que oiga un político diciendo “he perdido las elecciones”, me creeré que la política española sirve para algo.

Y para aligerar lastre, os dejo con un anuncio guay del paraguay… y hasta aquí puedo leer (es un poco manipulador, pero jo emociona y todo)

jueves, 10 de mayo de 2007

El extraño caso del doctor Chase y mister Cheese

Últimamente veo bastantes capítulos de House. Me gusta por dos razones. La primera porque ya he decidido que en mi próxima vida seré médico. Y la otra es porque la serie está pensada para que no te enganches a ella. Puedes ver un capítulo suelto y si no ves el siguiente no pasa nada, porque la trama principal de cada episodio es un caso médico que se resuelve en los 43 minutos que dura.
La parte que tiene de culebrón es mínima comparada con otras series. Hay muy pocos personajes, y los que hay no tienen demasiado tiempo para relacionarse entre sí (y mucho menos con personas de fuera del hospital). Así que House, pese a ser una serie que plantea unos casos médicos inverosímiles y una praxis que ha puesto en pie de guerra a toda la profesión, tiene unos personajes con unas vidas que se acercan bastante a la media. No se enamoran y desenamoran los unos de los otros cada dos días, no se odian a muerte, no les suceden infinitas desgracias, sus vidas no están llenas de coincidencias inexplicables… vaya, lo que nos pasa al 99% de las personas que habitamos este planeta.
Por si hay algún despistado en la sala, estos son los personajes de House:




Cuddy, la del jerseíto rosa en la foto, es pediatra y la directora del hospital. Es la que menos chicha tiene en la serie y no pienso hablar de ella. Después esta Wilson (el que está entre el negro y la tía que lleva los cacharros esos de resucitar gente en la mano). Es oncólogo y un santo varón capaz de aguantar las excentricidades de House, que es el prota. En la foto, el que no lleva bata y bebe café, porque es un médico que, en teoría, no puede ejercer debido a su adicción a los fármacos. Es un borde maleducado y sus salidas de tono constituyen la gracia de la serie. Al menos para la mayoría de la gente.
A mí (que no soy la mayoría) los que me molan son los ayudantes de House, los estudiantes en prácticas. Está Cameron (la de los resucita-gente en la mano), que es inmunóloga y sabe más que los ratones coloraos. Un hacha la tía. Y después tenemos a Foreman (el negro), que es neurólogo y es otro hacha. Cameron y Foreman son los alumnos aventajados de House. En casi todos los capítulos, House resuelve el caso gracias a la ayuda de uno de los dos.
Y aquí es cuando yo hago la reflexión anti-House… claro, el negro y la muchacha son los listos para compensar la falta de corrección política del propio House. Da igual que House le diga a Foreman “negro de mierda”, porque luego el negro es una enciclopedia andante. O que le diga a Cameron que enseñe las tetas de vez en cuando si quiere ascender, porque la tía es de premio Nobel. Los guionistas los saben y todos nos reímos, ji,ji,ja,ja.
Pero hay otro personaje más, el doctor Chase, el auténticamente incorrecto de la serie, el que se sale de todos los patrones previstos. Él es el que chirría de todo el conjunto ¿Por qué? Porque bajo su apariencia de pijín surfero californiano, Chase es una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre.
A ver si me explico.
Me fascina el personaje de Chase, porque es un hombre de ficción comportándose tal y como lo haría una mujer real.
Desengañémonos. No hay tías como Cameron. Ni en los hospitales ni en ninguna parte. Cuddy y Wilson saben que son peores médicos, así que no interfieren demasiado en las locuras de House y su grupo, que son los escogidos para la gloria. Cameron y Foreman se pelean entre ellos por tener razón, por publicar artículos, por echar más horas que nadie en el hospital… por destacar en definitiva. Aunque los tres tienen en principio la misma categoría, Chase ha ido asumiendo a lo largo de los capítulos un rol pasivo bastante incomprensible tratándose de un hombre, sobre todo porque Chase tampoco tiene ni un pelo de tonto.
House les da órdenes a todos, Cameron y Foreman no se dan órdenes entre sí, pero ambos se las dan a Chase, que las acata sin discutir, más que nada porque no le importa que le manden (calzonazos dirían algunos)
Además no tiene especialidad médica definida. Se supone que es especialista en UCI, pero es un poco aprendiz de todo y maestro de nada. También es el único que hace compañía a los enfermos (aunque Cameron también lo hacía antes, ahora va más de chica dura y no se implica tanto en lo casos)
Pero su rasgo más definitivo es que es el único que intenta tener una vida fuera del hospital, y antepone su vida privada a los posibles méritos médicos que su trabajo vaya a reportarle. Le gustaría tener hijos y es el único que intenta ligar.
De hecho, le tira los tejos a Cameron. Ella le ha dejado claro que sólo se acuesta con él para satisfacer una necesidad física, pero que no piensa enamorarse ni una pizquita. El pobre Chase se la mira con cara de no entender nada, pensando aquello tan típico de “hay que ver lo que os cuesta a los hombres reconocer vuestros sentimientos y hablar de ellos”.
Pues eso, que Chase es la única mujer de la serie aunque a lo mejor los guionistas no se hayan dado cuenta. Ya podrían contratarme a mí ^_^

lunes, 7 de mayo de 2007

¿Cuánto vale un queso?

El viernes durante la cena una amiga nos explicaba sus experiencias en la India. Nos habló de las diferencias entre clases sociales y del racismo y clasismo silencioso y aceptado que existía. Acabó diciendo: “no todas las vidas valen lo mismo”. Y tenía razón.
El mismo viernes por la mañana leí en El Periódico una noticia que me dejó helada. Unos periodistas habían visitado el lugar donde, unos días antes, las bombas estadounidenses habían matado 130 talibanes. La noticia (que aparecía en páginas interiores en vez de en portada) explicaba que entre los 130 cadáveres habían contado muchos niños y un número indeterminado de cuerpos que parecían mujeres. Después de hablar con la gente del pueblo, estos les confirmaron que el ataque no había sido contra posiciones talibanes, sino contra un pueblo habitado por campesinos y que acaba de estrenar una nueva escuela.
Una escuela, que por cierto, habían construido los militares italianos con dinero enviado por la agencia de cooperación italiana. Ciento cuarenta y siete mil euros había costado el edificio y su equipamiento. Ahora son cuatro paredes llenas de agujeros.
El ejército estadounidense ha vuelto a equivocarse pero no pasa nada. Más de la mitad de las víctimas son civiles y nadie se ha enterado de nada.
Recuerdo que el día que escuché la noticia de la muerte de los 130 supuestos talibanes, pensé que en el fondo era una injusticia. Es casi el mismo número de personas que murió en los atentados del 11-M, pero sus vidas valen mucho menos. Tan poco, que ni siquiera merece la pena aclarar si eran civiles o no.
No es que la cosa cambie mucho por saber si eran de los “buenos” o de los “malos”. El muerto, muerto está.
(El muerto al hoyo y el vivo… a Spiderman 3 o a lo que se tercie)

http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=402443&idseccio_PK=1007